Palillos

Palillos

Los nervios le atenazan. Le espera una dura prueba y sabe que no está preparado para ella, que, indefectiblemente, fracasará y quedará como un patán, como un farsante poco sofisticado ante sus acompañantes, como alguien poco versado en ortos mundos, otras culturas. Ha quedado a cenar con unos conocidos ante los que quiere quedar bien, y estos han elegido... ¡un japonés! Y, por mucho que lo ha intentado, que su señora de usted le ha instruido... no logra hacerse con los puñeteros palillos. Sabe que es inútil que lo intente, solo conseguirá que le acometa en la mano una especie de baile de san Vito que provocará que la comida salga disparada en cualquier inopinada dirección, con lo que sus esfuerzos no serán apreciados y será peor el remedio que la enfermedad. Tendrá que resignarse, confesar su impericia y falta de mundo y pedir un tenedor. Pero, ¿por qué comen los asiáticos con palillos? Por la misma razón que en la Edad Media los europeos comían con las manos: por la forma en la que los alimentos llegan a la mesa. Este choque cultural de los occidentales con los palillos no es de hoy. Durante la Baja Edad media, los mercaderes europeos que comerciaban con China introdujeron su uso, que no se extendió, ya que se consideraba absurdo e ineficaz. Y lo era, cuando a las mesas medievales occidentales, lo que llegaba eran animales asados enteros, de los que los comensales daban buena cuenta tirando de cuchillo (el mismo que servía para destripar enemigos) y de las manos. Desde la antigüedad, los chinos han establecido que la comida debe llegar ya cortada a la mesa y consideran propio de bárbaros que los alimentos recuerden en el plato al animal del que proceden. Se consideraba, además, descortés, obligar a un invitado a realizar complicadas disecciones en la mesa. Estos criterios determinaron el tamaño de los alimentos, que, junto con la omnipresencia del arroz (pequeños granos) condicionó el tipo de cubierto: los palillos, instrumentos muy sencillos de elaborar y perfectos para llevarse lo alimentos a la boca con una sola mano. Ánimo, siga practicando en casa. Con unos michirones, por ejemplo, que lo acabará logrando.


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