A las opulentas, obesas, hiperalimentadas sociedades occidentales se nos está yendo el chiringuito a hacer gárgaras. Les hemos enseñado a los pobres del mundo lo bien que se puede vivir, los atracones que se puede uno pegar, a costa del hambre de otros, que ahora todos quieren apuntarse. El problema es que hasta ahora, no eran muchos los que conocían de las delicias y molicies del primer mundo. Pero la globalización ha roto esas barreras. Y ahora son los chinos y los indios los que se quieren apuntar al carro de las proteínas animales, y eso supone un 40% de la población mundial. Cualquier cambio más o menos radical en los hábitos alimentarios en estos países provoca cataclismos imprevisibles en el resto del globo. Se pongan como se pongan veganos más o menos radicales, comer bien es sinónimo en general, de comer carne. Es algo impreso en nuestros códigos ancestrales como especie humana, porque desempeñan un papel central en la fisiología de la evolución de nuestra especie. Pero al ganado hay que alimentarlo. Rusia y las repúblicas exsoviéticas, consideradas como uno de los graneros del mundo, importa cada año decenas de millones de toneladas de grano para poder alimentar su ganado. Los habitantes animales del antiguo bloque soviético consumen un 33% más cantidad de cereales que los habitantes humanos. Naturalmente, la consecuencia es un aumento de los precios. Al final, alimentos que deberían ser baratos, y por lo tanto, los únicos de relativo fácil acceso para los países pobres, han disparado sus precios, ahora prohibitivos para estas sociedades en crisis, como consecuencia de la incorporación a los pantagruélicos usos y costumbres, propias de las sociedades occidentales, de los países emergentes. Bonita (y terrible) paradoja, que ahonda radicalmente la brecha entre los que se ponen las botas.. y los que se mueren de hambre.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...