La mitad de los murcianos son fieles a su establecimiento, a su bar, y entre los aspectos que más contribuyen a esta fidelidad está, en primer lugar la amabilidad de los camareros (53%). La figura del camarero es central en la marcha del negocio. Y es que la tipología existente da lugar a numerosas sorpresas. Uno puede encontrarse con un individuo sudoroso y grasiento, vocinglero e indolente, que limpia la mesa de la terraza haciendo un barrido con una dudosa bayeta de los restos de los anteriores clientes y arrojándotelos graciosamente en tu regazo. Un gruñido te indica que está listo para tomar el pedido –eso cree él, y por desgracia, también tú–. Es posible que te traiga lo que has pedido, e incluso que lo haga antes de que se ponga el sol, en ocasiones dejando un grácil dedo dentro del vaso y derramando generosamente su contenido sobre la mesa. También podemos encontrarnos con el gracioso, muy de estos lares mediterráneos: ágil y dicharachero, irrumpe en la conversación sin parar mientes y establece inmediatamente contigo una relación similar a la que tendrías con tu hermano o con el íntimo amigo del alma. O ese otro al que parece que le debieras dinero, que cuando entras en el bar ni te mira ni parece haberse dado cuenta de tu existencia, obligándote a llamar su atención para que te atienda. Establecido el contacto te lanza una mirada entre molesta y cansina y te espeta: «¿Que?». Y es que no es fácil ser un buen camarero: servicial, pero no servil, amable, pero no atrevido, rápido pero no precipitado, ágil de manos, diligente y pulcro, o sea, un camarero dispuesto siempre a ayudar al cliente, siempre bien informado de las características del establecimiento y de sus servicios...
Lo que viene siendo un profesional.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...