Innúmeros peligros acechan inmisericordes, grandes catástrofes apuntan en el horizonte, negros nubarrones se ciernen sobre una forma de hacer las cosas que ha demostrado hasta ahora su pertinencia... No. No estamos hablando de la crisis, ni de la prima de riesgo ni de la tía Merkel, no. Estamos hablando del vino, ese dionisíaco brebaje que nos ha llenado de satisfacciones y placeres desde los albores de la humanidad. Y es que llevamos un par de años que no paramos de sobresaltos. El vino, la bebida obtenida de la uva (especie Vitis vinifera) mediante la fermentación alcohólica de su mosto o zumo se produjo por primera vez durante el neolítico, según los testimonios arqueológicos. En todos estos años, las técnicas de plantación, , cuidados y recolección, por un lado y las de crianza, conservación, maduración, por otra, han cambiado mucho. Pero nada que se le parezca lo que está ocurriendo últimamente. Muchos de los tabúes, de los ritos sagrados de la liturgia del vino están siendo revisados y cambiados para espanto de los puristas: todo un reto a un mundo fundamentado en la tradición, pero que aspira permanentemente a la vanguardia. Ahí tienen ese engendro del corcho de silicona, que no hay manera de volver a meter en el cuello de la botella, una vez abierta. Y qué me dicen de virutas de madera para envejecer el vino sin necesidad de barricas de roble. Y hablando de barricas, han aparecido ya ¡las cubas cuadradas¡ Otro ataque frontal llegó con la aparición del vino sin alcohol. Y ahora el gas Argón, gas inodoro, incoloro e insípido que pesa más que el oxígeno, causante de la degradación del vino. Al introducir gas argón en una botella a medio consumir, el gas se va al fondo creando una película sobre la superficie del vino y expulsando el oxígeno de la botella, lo que permite su conservación... ¿Qué será lo próximo?
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...