«Somos lo que comemos». Este aserto tan extendido, que hace referencia a que nuestra alimentación conforma nuestro carácter, nuestra salud y proporciona, además, mucha información sobre nuestros circunstancias vitales, tiene un correlato sociológico mucho más preciso: «Somos lo que desechamos». Los residuos son un libro abierto sobre las personas y la sociedades. Lo que en una sociedad opulenta acaba en los vertederos es un auténtico tesoro que asegura la supervivencia en los países del tercer mundo. Lo que termina en los contenedores de Pedralbes en Barcelona, Serrano en Madrid o Juan de Borbón en Murcia sirve para cubrir las necesidades vitales de los sin techo. Y la crisis ha acabado por recordarnos que este aserto se cumple a rajatabla. La cantidad y la calidad de la basura que estamos generando en este país en estos momentos, son muy diferentes a la cantidad y al calidad de lo que generábamos en el 2007, en vísperas de la crisis. Se han dejado de construir viviendas e infraestructuras, se han dejado de vender pisos, se ha dejado de consumir y de producir… se ha dejado de crecer económicamente. No solo eso: hemos retrocedido una década en nuestros estándares. Y es que el nivel de riqueza de los ciudadanos es directamente proporcional al volumen de residuos que genera. Y eso, la basura lo nota. Un español generaba hoy una media de 73 kilos menos de basura al año que en 2007. Otro dato significativo nos dice que la comida a punto de caducar o caducada no llega a los camiones de basura: alguien la aprovecha. Y la recogida de cartones en los contenedores ha sufrido un drástico descenso: alguien se lo lleva antes para venderlo. Es signficativo también el aumento de residuos baratos, como el tetrabrick y otros envoltorios plásticos, que casi se ha duplicado desde 20o8. Estamos en crisis, y eso se nota en todos los órdenes: nuestra basura es una fotografía de nuestra vida.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...