Desfile de alta costura
Es increíble lo que los hombres, y sobre todo, las mujeres (lo siento chicas, pero sois maestras en esto) somos capaces de hacer por nuestra presencia ante los demás, pulsiones promovidas, como todos sabemos (inútilmente) por lo que antes eran brujos y chamanes, más tarde, tratantes y comerciantes, y ahora, emporios del mal como Dior, Calvin Klein o Victorio & Luccino. En nuestra titánica lucha contra las mollas o michelines, nos sometemos a peligrosísimas dietas: y así, hay quien sigue la de Rafaella Carra, quien asegura, sin asomo alguno de rubor, que todo lo que se ingiera antes de las ocho de la mañana, no engorda. O sea, que encima, hay que madrugar. Métase usted un chuletón de Ávila de cuarto y mitad a las siete de la mañana y verá qué bien. O la famosa y más actual dieta Dukan. Otros suicidas siguen la llamada cura Waerland, que prescribe no tomar otra cosa que no sea agua fresca de manantial –a estas alturas de la civilización, seguramente el adelgazamiento se produzca en el ejercicio físico necesario para encontrar uno–, patatas, apio y semillas de lino –imposible, han ardido todas–. Nos machacamos en el gimnasio, corremos bajo un inmisericorde sol de las dos de la tarde llenándonos los pulmones a una velocidad tres veces superior de la normal del viciado aire de nuestras ciudades (¿el campo?; ¿Dónde está el campo?)... Tengo una amiga, que vive en un cuarto sin ascensor, que se compró un escalón. ¡Un escalón!. Para hacer ejercicio subiéndolo y bajándolo (?) Y vosotras, hijas mías, ese lio que os traéis con la ropa. Cuando una mujer va a una cena de gala, paradójicamente se pone un ‘vestido para no cenar’. Se embute en un traje un par de tallas menos, tan ajustado al cuerpo, que la ingesta de un simple tomate cherry se reflejará (eso cree ella) en su encorsetada (nunca mejor dicho) figura, y provocará un serio riesgo de reventón de las costuras. Volverá a su casa tiesa como una vela y muerta de hambre, pero muy mona, eso sí.
Cuestión de imagen.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...