Todo hombre necesita unos fundamentos sólidos a los que aferrarse ante las vicisitudes de la vida, y ha de defenderlos cueste lo que cueste, porque si esos pilares fallan, en la propia existencia se instalan el vacío y la tribulación. De toda la vida del señor el grifo ha sido para la cerveza. Y punto. Con gas o sin él, decantada por la fuerza de la gravedad, tirada con más o menos fortuna, con penacho de espuma o sin él, sólo esta gloriosa bebida está asociada en nuestras mentes individuales y en la colectiva más, si cabe, al grifo. Personalmente, uno prefiere beberse la cerveza de un botellín, vertiendo en el vaso la cantidad justa del trago siguiente, con una proporción de dos a uno entre líquido y espuma, de tal manera que la bebida no pierda, reposando en el vaso, su chispeante fuerza. Pero comprendo que una cañita bien tirada tiene su aquel... siempre que sea pequeña y la apuremos con cierta rapidez. En los lugares de nuestra costa o en los resorts, los camareros conocen la nacionalidad del cliente en función de cómo beben la cerveza: los españoles con un dedo de espuma y en pequeñas cantidades cada vez; los ingleses, una pinta de a medio litro sin un milímetro del bordado blanco. Bueno, nada de extrañar de un pueblo que come tortilla con salsa de menta.
Y viene todo esto a que se está intentando imponer, afortunadamente con escasa fortuna, en determinadas zonas de nuestras costas, la moda de expender mediante el método del grifo otras bebidas, como vino, granizados o cócteles. Mire usted, a mí me ponen un vino extraído de un grifo y oiga, armo la de San Quintín. Hablando de guiris, recuerdo en una visita a un crucero, una enoteca en la que había vinos excelentes ¡con las botellas boca abajo sobre dispensadores automáticos! Cosas de bárbaros.
Por favor, no enredemos con las cosas de beber. Lo que eh, eh.
Ponemos un dedo de aceite en una cazuela ancha y ponemos a confitar la cebolla, y los pimientos cortados en juliana, la zanahoria, pelada y cortada en tiras sacadas con el propio pelador, y los ajos en láminas gruesas. Añadimos la pimienta negra, las ...
Para suavizar el sabor de las cebolletas, podemos escaldarlas (sumergirlas en agua hirviendo) durante 1 minuto y pasarlas inmediatamente después por agua fría. Conseguiremos así que pierdan su ‘bravura’.
Una forma de darle un toque diferente una vinagreta es incorporar zumo de naranja, que aportará un matiz cítrico y dulce a un tiempo. En ese caso es interesante añadir unas gotas de vinagre para reforzar el punto ácido.
Elaboración Dorar el rodaballo en la plancha, añadir tomillo, ajo y piñones, y acabar en el horno a 175 grados durante 5 minutos y emplatar con el resto de ingredientes. ...
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