Todo hombre necesita unos fundamentos sólidos a los que aferrarse ante las vicisitudes de la vida, y ha de defenderlos cueste lo que cueste, porque si esos pilares fallan, en la propia existencia se instalan el vacío y la tribulación. De toda la vida del señor el grifo ha sido para la cerveza. Y punto. Con gas o sin él, decantada por la fuerza de la gravedad, tirada con más o menos fortuna, con penacho de espuma o sin él, sólo esta gloriosa bebida está asociada en nuestras mentes individuales y en la colectiva más, si cabe, al grifo. Personalmente, uno prefiere beberse la cerveza de un botellín, vertiendo en el vaso la cantidad justa del trago siguiente, con una proporción de dos a uno entre líquido y espuma, de tal manera que la bebida no pierda, reposando en el vaso, su chispeante fuerza. Pero comprendo que una cañita bien tirada tiene su aquel... siempre que sea pequeña y la apuremos con cierta rapidez. En los lugares de nuestra costa o en los resorts, los camareros conocen la nacionalidad del cliente en función de cómo beben la cerveza: los españoles con un dedo de espuma y en pequeñas cantidades cada vez; los ingleses, una pinta de a medio litro sin un milímetro del bordado blanco. Bueno, nada de extrañar de un pueblo que come tortilla con salsa de menta.
Y viene todo esto a que se está intentando imponer, afortunadamente con escasa fortuna, en determinadas zonas de nuestras costas, la moda de expender mediante el método del grifo otras bebidas, como vino, granizados o cócteles. Mire usted, a mí me ponen un vino extraído de un grifo y oiga, armo la de San Quintín. Hablando de guiris, recuerdo en una visita a un crucero, una enoteca en la que había vinos excelentes ¡con las botellas boca abajo sobre dispensadores automáticos! Cosas de bárbaros.
Por favor, no enredemos con las cosas de beber. Lo que eh, eh.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...