Imagen de la Asamblea Regional
Y luego dicen que la profesión de parlamentario no tiene riesgos. Naturalmente que sí. Y no nos estamos refiriendo al riesgo cierto de encontrarse con un elector cabreado/indignado que le cante a uno las cuarenta, o con un funcionario recién «recortado» que no haya entendido el sacrificio que debe hacer por su país perdiendo parte de su sueldo, no. Nos estamos refiriendo a la peligrosísima actividad del político consistente en enlazar opíparas comidas con pantagruélicas cenas (de ellas están las tumbas llenas), o copiosos aperitivos, entre sesión y sesión parlamentaria calentando el escaño. Consecuencia: el colesterol estratosférico, los triglicéridos de verbena, la glucosa disparada y la tensión más allá de Orión. Y el fantasma del infarto o la angina de pecho pendiendo sobre sus cabezas como si de una moción de censura (definitiva) se tratara. Y eso, especialmente en Murcia, entre los parlamentarios de nuestra asamblea Regional. ¿Exageración? Ninguna. Según una campaña denominada «Tu corazón es vital. Toma el control», realizada entre todos los parlamentos españoles, los parlamentarios murcianos son los que mayor riesgo cardiovascular atesoran. Nada menos que un 83,3% de los diputados de la asamblea Regional tienen al menos un factor de riesgo cardíaco. A sus señorías se les hicieron los correspondientes análisis y se les tomaron medidas: altura, peso y perímetro de cintura (¡Ay, las tapitas del bar de nuestras señorías!). El factor de riesgo más común es el del sobrepeso y la obesidad (pues no nos habíamos dado cuenta, oyes), seguido del colesterol elevado. Al final hay que deducir que, al menos en esto, sus señorías representan fielmente al pueblo: al murciano, que es también en el que mayores índices de obesidad y riesgo cardiovascular de toda España se encuentran.
Señorías, ya saben: más ejercicio y menos cuchipandas.
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