Un restaurante
Muchas personas son lo bastante educadas como para no hablar con la boca llena, pero no les preocupa hacerlo con la cabeza vacía». Esta frase, atribuida a Orson Wells, refleja muy bien lo que está ocurriendo con cierto tipo de discurso que se elabora en torno a la cocina. El caso es que todo lo que tiene que ver con los fogones se ha extendido como si de una gripe aviaria cualquiera se tratara.
Se escriben libros, artículos y ensayos, no hay televisión, radio, periódico, que no reserve un espacio importante a las andanzas de nuestros gurús gastronómicos, se encumbran a cocineros como si fueran preclaros líderes de la nueva intelligentzia, alquimistas moldeadores de la sociedad de los sentidos... se habla, se habla, se habla... mucho más de lo que se cocina. Y claro, al hablar tanto, se dicen muchas tonterías.
No hay restaurante que se precie que no defina su cocina como «mediterránea», «de mercado», «creativa» o «divertida». Vamos a ver: «cocina mediterránea». ¿Existe tal cosa? Es decir, ¿hay un acervo culinario, un recetario específico que aúne cocinas como la española, la marroquí, la israelí o la mauritana, por un poner? Mayor tontería es lo de «cocina de mercado». Pues claro que de mercado. ¿De dónde vamos a sacar si no las viandas que llevaremos a los fogones? Se trata de una expresión heredera de otra: «Cocina de temporada», que tuvo su sentido mientras los productos que llegaban a la mesa dependían del albur de los ciclos naturales. Hoy, con los avances en la industria agroalimentaria, prácticamente, cualquier producto puede estar en nuestro plato en cualquier época.
Lo de «cocina creativa» es otra cuestión. Échense a temblar, señores, porque hoy, con el influjo seductor de las grandes estrellas mediáticas de los fogones, cualquier aprendiz de brujo que no sabe hacer un plato de lentejas decente se declara «autor», como si antes de ser escritor no fuese necesario ser escribiente.
Y sobre la «cocina divertida» qué quieren que les diga. A mí lo que más me divierte en un restaurante es que me den bien de comer, con un buen servicio y a unos precios razonables. Lo demás son cuentos.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...