Hace unos días un buen amigo me regaló unos aguacates cogidos de su jardín. Grandes, lisos y brillantes, duros. Tras unos días de maduración a temperatura ambiente, los probé y... probé la felicidad: una delicadísima carne, tersa y mantecosa, con un sabor único que me ha hecho renegar de los aguacates comprados en una superficie comercial. Esos aguacates, los tomates del vecino o las pavas cultivadas en el huerto de al lado son productos para relacionarse con ellos despacio, con plena consciencia de su paso por las papilas gustativas, e incorporar a nuestra memoria todos sus matices sensoriales. Es decir, hay que enfrentarse a ellos con lentitud. Slow Food (comida lenta), en contraposición a Fast Food o comida rápida, es un movimiento internacional nacido en Italia que se contrapone a la estandarización del gusto y promueve la difusión de una nueva filosofía del gusto que combina placer y conocimiento. Su símbolo es el caracol, emblema de la lentitud. Compartiendo muchos de sus planteamientos ha nacido en España, no hace mucho, el movimiento ‘Kilómetro cero’. Comer sano, productos locales y de temporada son sus credenciales y al igual que el movimiento nacido en Italia, su símbolo es el caracol. Un restaurante del caracol debe, entre otros requisitos, incluir en su carta al menos cinco platos «kilómetro 0», es decir, que un 40% de sus ingredientes, entre ellos el principal, se compren directamente a un productor situado a menos de 100 kilómetros. Pero el «principal objetivo» de este proyecto es reducir las emisiones de CO2 debidas al transporte de alimentos, pues los productos que componen una comida media recorre casi 2.000 kilómetros antes de llegar a la mesa. Sea por comer sano, sea por sentir más placer, sea por contribuir a la reducción del CO2, coman lento, durarán y disfrutarán más.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...