Veritas
«Si la secta de abstemios del amor y del vino sola es llamada al goce del Edén del Profeta, ¡Ay! temo que el Paraíso, con su encanto divino,Vaya a quedar desierto, sin fieles ni destino!» Omar Kenyam, matemático, astrónomo y poeta persa, escribió esto hace más de mil años.
Y es que el vino siempre ha sido objeto de adoración y deseo. No sin problemas, naturalmente. El vino suelta la lengua y desinhibe la mente. Todavía resuenan aquellas palabras tan celebradas de Aznar, Don José María, en unas bodegas de la Ribera del Duero, criticando a la DGT: «¿Y quién te ha dicho que quiero que conduzcas por mí? (...) Déjame que beba tranquilamente».
Más recientemente hemos con conocido unas curiosas declaraciones de un patólogo murciano que confirmó la relación entre el consumo moderado de vino y la satisfacción sexual. Ojo: mo-de-rado. Dos copitas. Pasarse de frenada en esto es fatal. Este buen hombre comentó que debido a que las mujeres tienen una menor cantidad de una enzima que el hombre en el estómago, la ingesta de vino les afecta más.
El patólogo creyó necesario precisar: «Una copa o dos de vino cuando las toma un hombre, está en sus cabales; cuando las toma una mujer se pone un poco alegre y permisiva, lo cual facilita la relación». Bueno, es una manera de verlo, y sobre todo... de expresarlo.
A ver si va a ser por eso que las tres denominaciones de origen de la Región-Bullas, Jumilla y Yecla- se han apuntado a una campaña para apoyar el consumo moderado y responsable de vino. Y bien vendrá porque se da la paradójica circunstancia de que España, siendo uno de los principales productores del mundo, consume sólo más vino per cápita que Noruega. Pues se lo deben estar bebiendo entre unos pocos.
Como dijo el bueno de Omar: «Créeme, bebe vino. El vino es vida eterna, filtro que nos devuelve la juventud».
Pues anda que están en Irak (antes persia) para juergas.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...