Recuerdos
De repente, el olor casi olvidado de un pan candeal recuerda, entre un nudo en la garganta y una incipiente humedad en el rabillo del ojo, la infancia feliz; a un padre desaparecido, a las calles de un pueblo de Castilla rodeado de amplias llanuras doradas por el cereal, a unos sábados en familia alrededor de unas aromáticas brasas donde se asan unos pinchos morunos de cordero lechal....
De repente, el olor casi olvidado de una pava recién cortada nos devuelve imágenes de una huerta feraz, repleta de aromas, colores y texturas, trayéndonos una época de bicicletas, de dominicales viajes en carro tirado por un dócil y viejo caballo, de olor a estiércol y zumbido de chicharras, caminos de tierra y acequias ocultas por altísimos cañizos, de aromas de michirones y migas cuando llueve...
Nada como la comida para transportar nuestra mente a otros tiempos, para rebuscar en los olvidados cajones de nuestra memoria sentimientos asociados indeleblemente a olores, sabores, imágenes humeantes. Somos lo que comemos y hemos llegado a ser lo que hemos comido. Toda nuestra biografía, desde la ingesta de la leche materna, está firmemente, vitaliciamente vinculada a alimentos, platos, guisos, experiencias sensoriales, en definitiva, relacionadas con la comida. Y es que en el acto de comer ponemos nuestros cinco sentidos y esa imprimación es perdurable. Por eso todos recordamos el aroma de un plato que hacía nuestra madre, el guiso de la abuela, insuperable... y muy especialmente, aquellas experiencias vividas en la infancia y la adolescencia, que nos devuelven épocas felices, exentas de las preocupaciones de un adulto. Comer es sentir y los sentimientos configuran nuestros recuerdos. Así que, un consejo: no coman por comer. Pongan todos sus sentidos en ello.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...