Resurrección
Un buen día, usted, hombre de mediana edad (no sé por qué, pero esto, a las mujeres, no les pasa) visita a su médico de cabecera por cualquier minucia: una infección en la piel, un dolor en el dedo gordo de una mano... y en un momento de la consulta, el galeno se le queda mirando y pronuncia la fatídica frase: «¿Cuánto hace que no se ha hecho unos análisis? Que estamos en una edad muy mala...». Está usted acabado. Tras el tedioso proceso de ir en ayunas con el botecito de agüita amarilla, que le pinchen y vuelva al cabo de una semana a por los resultados, llega la sentencia: «Tiene el colesterol alto, y los triglicéridos disparadísimos.» Y si ya le toman la tensión, la sentencia de muerte: todo más alto que un ochomil. Conclusión inmediata a la que llega el discípulo de Hipócrates: no fume, no beba, no ponga sal a las comidas, no coma carne roja, no, no, no... ¡no viva! Bueno, tranquilo. No se deje llevar por el pánico, no escriba todavía la carta para el juez. Se puede gozar con la comida sin haberse llevado a la boca una rodaja de chorizo en años... y también reduciendo radicalmente la ingesta de sal. El cuerpo es una maravilla y acabará acostumbrándose a apreciar la sutileza de los sabores sin apenas sodio. Y el día que decida darse un homenaje (que deberá hacerlo de vez en cuando) será una auténtica gozada. Y para compensar la falta del saborizante que es la sal podemos utilizar otras técnicas culinarias: por ejemplo, especias y hierbas aromáticas: pimienta, cúrcuma, comino, eneldo, tomillo, romero, orégano...; guisando con reducciones de líquido más rápidas y fuertes concentrando así los sabores; utilizando verduras con fuerte sabor natural (pimientos, determinadas setas, productos picantes...) y aligerando de grasas los platos de cuchara de siempre. Ánimo: hay vida después del médico.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...