Gracias señor, por estos alimentos que vamos a tomar. Esta inocente plegaria, que se repite en muchas cristianas mesas como preludio al yantar, esconde, por sus orígenes, toda una metáfora de los círculos de la historia. En sus principios, la acción de gracias por las viandas no era una expresión de reconocimiento a los dioses por haber provisto con generosidad nuestra mesa y nuestra despensa.
Este significado se asoció a tal práctica cuando los hombres descubrimos la agricultura y nos hicimos sedentarios. Antes de este –fausto o infausto (está por ver) paso– las tribus nómadas usaban fórmulas de este tipo para encomendarse a dios y al diablo antes de ingerir alimentos cuya procedencia y propiedades en general desconocían.
De la experiencia milenaria de muchos congéneres que habían abandonado prematuramente este valle de lágrimas por mor de una indigestión o envenenamiento, adquirieron la precaución de ponerse en manos de la providencia cada vez que se metiían algo entre pecho y espalda. Claro que el hombre ha ido cerrando como decíamos, el círculo de la historia.
Tras haber llevado sobre nuestros manteles ambrosías tales como aceite para motor de camiones –lease colza– filetes de vaca loca, pollos dioxinizados, bóricas gam bas o ignotos alimentos transgénicos, bien pudiera ocurrir que sien do sedentarios acabáramos comportándonos como nuestros antepasados nómadas: en lugar de dar gracias por los alimentos, hacer examen de conciencia e implorar el perdón de nuestros pecados cada vez que le hinquemos el diente a algo.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...