Armand-Jean du Plessis, duque de Richelieu, cardenal y primer ministro de Luis XIII de Francia y antecesor ilustre de Juan Alberto Perote es recordado entre los estudiosos por ser el inventor del espionaje doméstico; por la ciudadanía en general, como uno de los personajes del gran best seller de Dumas Los tres Mosqueteros; y por los niños en particular, como un señor de horca y cuchillo, un individuo con muy mala leche, el malo de la serie de dibujos animados de D’Artagnan. (¡Recuerdan?: Eran uno dos y tres...la la la).
Sin embargo, el siniestro cardenal debería haber pasado a la historia por una aportación fundamental a la civilización moderna, desde luego poco relacionada con sus preocupaciones de estado e intrigas palaciegas. Ahí donde lo tienen el adusto Richelieu fue el inventor del cuchillo de mesa.
Monsieur du Plessis estaba hasta el bonete de la inveterada costum bre de nobles y cortesanos de limpiarse, tras las comidas, los restos de su dentadura con la punta de sus afilados cuchillos. Hasta 1630 y durante siglos, casi todos los hombres poseían un sólo cuchillo, que usaban tanto para comer como para destripar a un enemigo. Sólo los ciudadanos con posibles habían llegado al extremo de la sofisticación de disponer de dos; cada uno para un menester: ora para abrir un asado, ora para degollar a un semejante. Lógicamente, ambos utensilios eran puntiagudos.
Harto de exploraciones estomatológicas en su mesa, Richelieu ordenó a su mayordomo que limara las puntas de los cuchillos de su rico ajuar. Dado que el Cardenal tenía un gran ascendiente en la Corte –salvo Athos, Porthos y Aramis, (y D’Artagnan, por supuesto) todos le temían más que a un nublado– y que las anfitrionas francesas hacía tiempo que le tenían ganas a la abominable costumbre de sus invita dos masculinos, la medida se extendió rápidamente. Al terminar el siglo XVII, las cuberterías francesas incluían ya cuchillos con la punta redondeada.
En la actualidad se han vuelto a poner de moda los cuchillos de punta afilada y diente de sierra para los platos de carne, pero, por favor, sigan usando los palillos.
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