Si existe una comida apátrida por excelencia, esta es la hamburguesa. Originaria de Asia, ha adoptado el nombre de la ciudad alemana y se le considera la comida estadounidense por excelencia. En fin, un follón que habrá que intentar aclarar para que sepamos lo que estamos comiendo (al menos su historia, ya que conocer sus ingredientes, en fin, es harina de otro costal), cuando en un acto de suprema alienación nos arreamos un Burguer King, de esos.
Picar la carne para poder ingerirla era una práctica habitual durante la Edad Media entre las aguerridas tribus tártaras. Sobre esta historia hay dos versiones: una de ellas sostiene que los tártaros picaban la carne del ganado que pastaba en las estepas, ya que era de baja calidad y más dura que una piedra. La versión más épica afirma que los tártaros, que no se bajaban nunca del caballo, colocaban los trozos de carne entre la grupa de sus monturas y sus propias grupas, de tal manera que con el sudor, el polvo y los movimientos de su interminable galopar, la carne se iba macerando y ablandando en su proio jugo. Una delicatessen, vaya.
De ahí la denominación steak tartare a esa delicia de carne cruda picada aderezada con yema de huevo, alcaparras, nuez moscada y otras especias -sin sudor y sin polvo, naturalmente- tan ponderada por los gourmets desde que se introdujo en Alemania hacia el siglo XIV.
De Alemania, esta forma de comer carne viajó primero a Inglaterra, donde un loco de la dietética, el doctor J.H. Salisbury, la adoptó como panacea universal de la salud. El tal doctor recomendaba comer carne picada tres veces al día acompañada de agua caliente como bebida -un dato histórico más que nos mueve a la compasión respecto de los hábitos alimentarios de los británicos-, y así el filete hamburgués se convirtió en el Salisbury steak.
Pero los filetes de carne picada también viajaron a América hacia 1880, durante una ola de migración de alemanes y allí tomó el nom bre de hamburguer. La industria americana y el American way of life hicieron el resto, colocándolo entre dos panecillos, añadiéndole un par de verduras y gracias a la intervención divina de McDonald, inventado la hamburguesa.
La verdad es que entre el trozo de carne machacado por el culo de un tártaro y lo que nos meten los burguer entre pan y pan, no se, no se, prefiero un filete ruso.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
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Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...