El tierno pan deslizándose sobre la almibarada superficie, empapándose de la primigenia y nutricia substancia, arremoliándose entre esas delicadas y crujientes puntillas, absorbiendo gotas oleaginosas, creando, en fin, una eterna mixtura que tinta los dedos, impregna los labios e inunda la boca de un sabor pleno, definitivo. Eso es lo que se llama...un par de huevos fritos. Comidos a la hispánica manera, o sea, con los dedos.
Pues bien, este placer que, en determinados momentos es capaz de reconciliarle a uno con la humanidad toda, es observado con gestos de extrañeza e incluso estupor por nuestros más novicios visitantes británicos. Por el bien de las relaciones entre ambas naciones, algo deterioradas por cuestiones de menor enjundia, es recomendable que seamos comprensivos, e incluso generosos con estos curiosos comportamientos que henos de achacar más que a la malicia o al desdén, a la estricta disciplina (inglesa of course) y a la ignorancia gastronómica –a partes iguales–, características de algunos de estos huéspedes de nuestro solar patrio.
Nuestros albiones visitantes acostumbran a comer los huevos fritos con cuchillo y tenedor, costrumbre relacionada, probablemente, con el hecho de que el inglés medio apenas usa servilletas en sus comidas, lo que les supone, además de serios esfuerzos para no motear a sus compañeros de mesa, perder algo mucho más valioso que un imperio (por muy británico que sea).
Pero hay que reconocerles su amplitud de miras, ya que una vez que experimentan el método digital, se muestran encantados con el hallazgo. Claro que, además, sus huevos (los fritos, se entiende), no están cocinados precisamente con aceite de oliva, lo que añade mucha más fuerza al impacto gustativo.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...