Qué es Navidad. ¿Lo sabían? Alguno se estará acordando de mi árbol genealógico, dañado todavía por el arrasador paso de la nochebuena. Viene a cuento esto de la Navidad o Natividad a que hace 2004 años nació un niño. Ya ven. Bueno, pues, gracias a este nacimiento somos capaces de hacer estas dos semanas cosas que hemos estado evitando cuidadosamente a lo largo de todo el año. Hacer saltar la ley de la oferta y la demanda, pegarle un empujón de mil demonios a IPC y dejar nuestros bolsillos hechos un solar.
No solo eso. Nos sometemos por ende a la necesidad de recibir insospechadas e indeseadas visitas, de ensayar mecánicas sonrisas ante personajes que, encontrándonos en plena calle aseguran conocerle a uno de la mili o de un congreso de ortodoncia al que nunca asistimos. Es más, nos abocamos al diabólico intercambio de regalos de todos los años. Y así fundimos neuronas a base de discurrir qué regalarle a mamá, a papá, a Mimí o a Memé, al tiempo que hacemos miles de números para evitar la quiebra.
Para mayor abundamiento, nos hacemos trizas el hígado, el páncreas, el estómago y el intestino medio, por obra y gracia de comilonas, borracheras y trasnochadas mil a las que no podremos faltar..
Como todos los años, mamá prepara ansiosa y trabajosamente la reunión familiar esperando la reconciliación de los sectores urbano y rural de la familia, enfrentados secularmente por la herencia de la abuela. El papá hará un supremo esfuerzo por apartar a Bernardito del porro, y Bernardito, con el turrón todavía entre las caries, se tirará a la noche, seguro de que esta vez, en Nochevieja se podrá beneficiar a alguna propia despistada, envuelta en cueros, de chinchetas remachada.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...