Existe un extraño y extenso país en el extremo sureste del continente europeo cuyos habitantes se congregan una vez al año para celebrar un curioso rito que dan en llamar Navidad. Lo singular de esta ceremonia comienza con el propio momento de la celebración: aunque la festividad es propiamente el 25 del último mes del año, los nativos, de hecho, inician sus regocijos la noche anterior, que dicen Nochebuena.
Suelen entonar, por cierto, unos ruidosos cánticos al respecto, de incierto origen: «esta noche es Nochebuena y mañana Navidad; saca la bota María, que me voy a emborrachar» Deprecación sin duda ritual que nos proporciona dos datos relevantes para el conocimiento de tan peculiar pueblo, a saber: A) que un porcentaje importante de sus hembras son conocidas por el nombre de Maria, y B) que los pobladores de este ignoto territorio exhiben cierta tendencia a libar con profusión determinados brebajes espumosos y/o embriagadores.
Pues bien, consiste la tal liturgia «Nochebuena», en una reunión de cada clan o tribu en sus viviendas en torno a una gran cantidad de ricas viandas.Generalmente, estos manjares son raros en la alimentación diaria de estos individuos por onerosa su adquisición, y alcanzan tal valor en en sus intercambios, que se suelen reservar exclusivamente para estas celebraciones.
Acompañan la pitanza con un néctar burbujeante que llaman «champán» o «cava», según los casos. Previamente, los miembros más jóvenes de cada tribu han deambulado por el poblado en grupos, en un frenético recorrido por construcciones colectivas nombradas «bares». Las aldeas se engalanan con enrevesados adornos y hombres, mujeres y niños se abandonan a una ordalía de grandes voces y vertiginosas danzas.
Tereminado el banquete, y a una señal del jefe del clan, sus miembros se entregan a un curioso ritual manipulando unas cartulinas rectangulares, pintadas en vivos colores con figuras de un carácter evidentemente mágico se las intercambian entre sí según complicadas reglas en un variadísimo número de posibilidades que reciben nombres como «brisca», «julepe» o «siete y media».
Todos estos rituales conforman la celebración de la «Nochebuena» y la «Nochevieja», en la que los nativos conmemoran el nacimiento de un niño, por nombre «Jesús», considerado como un dios por una parte impor tante de los clanes o tribus de este singular pueblo.
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