Hasta la revolución industrial, la cuchara tal y como la conocemos era un instrumento reservado a las clases altas. / LV
La cuchara es uno de los más antiguos instrumentos relacionados con la alimentación humana. Sus orígenes, si bien imprecisos, pueden remontarse a la Prehistoria. Digo yo que el primero de todos sería el cuenco de la mano de los homínidos. No obstante, fue en el Neolítico, a medida que emergían las primeras sociedades sedentarias, cuando aparecieron los primeros ejemplares de cuchara.
Por lo general, se trataba de sociedades que consumían como alimento esencial harinas, tomadas en forma de gachas, sopas o purés. Y ya saben, la necesidad agudiza el ingenio.
A partir del tercer milenio a.C., en casi todos los estados surgidos en el Creciente Fértil –Mesopotamia, Siria, Palestina y Egipto– (donde ahora mucha gente no tiene qué llevarse a la boca) se produjeron cucharas de diseños muy variados. Hasta la revolución industrial, la cuchara tal y como la conocemos era un instrumento reservado a las clases altas. El populacho, se tomaba la sopa...a morro, directamente de la escudilla. La democracia a la mesa.
Ya ven, qué curioso, en nuestra historia reciente, durante mucho tiempo, la expresión «comer de cuchara» era signo de magra economía y estrechez alimentaria. Los platos que necesitaban de tal artilugio eran considerados «comida de pobres». Afortunadamente, las nuevas modas culinarias están colocando estos platos en el destacado lugar que se merecen. Y afortunadamente también, la cuchara ya no es un artículo de lujo al alcance exclusivo de unos pocos. Porque, ¿se imaginan ustedes comerse unas fabes con almejas...a morro?
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