Una camarera sirve a la manera 'tradicional' en un restaurante francés. / LV
La tradición. Etiqueta que suspende leyes, anula reglamentos, pone las normas en cuarentena, subvierte el sentido común. Gracias al cliché de «tradicional», se cometen actos vandálicos, se acometen actividades propias de gamberros callejeros, kale borroka de charanga y pandereta, se someten educación y respeto a los derechos de los demás.
Por mor de lo consuetudinario, de lo tradicional, lo mismo tiramos a una cabra desde un campanario que acosamos a una vaquilla hasta la extenuación, y no se te ocurra quejarte, que te dirán lo que ya advirtió Gila, ese gran pensador: «Pues si no saben aguantar, que se vayan del pueblo».
Esta horma que apuntala lo políticamente correcto también actúa en los fogones y en las barras. ¿Que usted tiene la desgracia de toparse con un dicharachero camarero, empeñado en mostrale lo acogedor que es – «ya sabe, aquí como en casa»– ? Pues tiene que tragar algo más que el pincho de tortilla porque eso es tradicional –«Aquí es que somos así»–. Como es tradicional, no le quedará más remedio que soportar que le claven como a Cristo por unos cuantos granos de arroz pegajoso y unos trozos de conejo, como si estuviera trasegándose el mejor Belluga.
Deberá someter a sus arterias a un tercer grado y, encima, pagar, por mor de guisos –tradicionales, claro– con más grasa que el hígado de un pato. O resignarse cristianamente a que le metan unas habas viejas sanozadas con un hueso de jamón por el que un paleontólogo daría su vida, a un precio de tienda de delicatessen.
Ajo y agua, amigo, es tradicional.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...