Pimentón
Resulta difícil imaginar, para una ama o un amo de casa contemporáneos, cómo se cocinaba en la Edad Media en España, teniendo en cuenta que en nuestro país y en toda Europa, no se conocían el maíz, la patata, el pimiento, el tomate, las judías,...
Y fijándonos en el caso del pimentón, la primera referencia escrita que tenemos es en la Autobiografía del bufón y pícaro de cocina Estebanillo González, que data de 1646 y en la que leemos. «Arrimé al fuego la piñata llena de tajadas de bacalao, pensando en la virtuz del ajazo y el pimentón».
Y la primera definición de pimentón la encontramos en el Diccionario de Autoridades editado por la RAE, que data de 1737, diferenciada claramente de las del pimiento y la pimienta. En resumen, que antes del siglo XVI por estos pagos no nos comíamos un pimiento.
El caso es que tanto el pimentón, como su señor padre el pimiento, se lo debemos a Colón, Cristobalito para los amigos, que lo trajo de las Américas. Hablando de lo magro de la alimentación del pueblo español, Francisco de Quevedo dejó escrito: «Carnero y vaca fueron principio y cabo, y con rojos pimientos y ajos duros tan bien como el señor, comió el esclavo». Incluso Cervantes se refiere a los pimientos en Rinconete y Cortadillo: «Manifestó luego medio queso de Flandes y una olla de las famosas aceitunas y un plato de camarones y una gran cantidad de cangrejos con su llamativo de alcaparrones ahogados en pimientos».
El caso es que Colón Zarpó a las indias en busca de pimienta y se encontró con el pimentón, mejor dicho con el pimiento. Pero, como buen comerciante, no se arredró y acabó ofreciéndoselo a los Reyes Católicos, ya saben, Isabel y Fernando, de los que siempre se ha dicho que tanto montaban, montaban tanto, lo que sinceramente, a nosotros, nos importa un pimiento.
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