El protocolo, una cuestión de detalle / LV
Es altamente probable que ni ustedes ni yo estemos invitados jamás a un banquete real como el que ha habiodo hace unos días. Mejor, las señoras no tendrán que ponerse pamela y nosotros nos evitaremos el engorro del chaqué. Sin embargo, si que es interesante observar algunas de las normas de proTocolo típicos de estos saraos porque son aplicables a otras circunstancias.
Así, debemos saber que las sillas no se arrastran y que los camareros no se llaman ¡Chst, chst!; que estamos comiendo, no estudiando, por lo que no debemos apoyar los codos sobre la mesa, sino los antebrazos y que las manos nunca se esconden debajo del mantel, que nunca se sabe lo que hacen por ahí debajo. Hagan eso en una partida de pocker y verán. Ah¡ aunque se lo vean hacer a algunos ejecutivos, nunca se pongan la servilleta al cuello, tipo Carpanta. Es una horterada. Y al terminar, no doble la servilleta. Se supone que va directa a la lavandería; simplemente, deposítela tal y como está en el mantel.
Las copas se cogen por el fuste, nunca por el cáliz como si fuera una escudilla, y el pan se trocea con las manos, pero no se pellizca ni se manosea. Claro, y ni se les ocurra hacer bolitas con la miga. Es pecado mortal llevarse la paleta de pescado a la boca. Una vez finalizado un plato, se colocará el tenedor (con las puntas hacia arriba) junto al cuchillo, en sentido paralelo, y no cruzados como generalmente se cree.
La cuchara nunca se lleva al plato o taza por la punta, sino por un lateral y no se le ocurra soplar si está caliente, ni mucho menos hacer cascadas con el líquido. No hace falta que les diga que está prohibido sorber sometiendo a los compañeros de mesa a un disonante concierto.
Y por fin: si necesita ir al servicio, levántese sin dar explicaciones –¡no arrastre la silla!– . No es necesario que haga un comunicado público con sus intenciones. El tránsito del refectorio al mingitorio ha de ser discreto. ¿que son obviedades?. Ya.
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