Ritual de cata / LV
Seguro que los han visto en algún restaurante. Se han sentado a comer y mientras esperan al camarero participan en una animada –y por desgracia, a menudo, ruidosa– charla. Risas, algarabía, buen humor, aparente despreocupación. Y de repente, todo el mundo se calla, se hace un silencio tenso, las miradas confluyen en un punto...¿que está ocurriendo? Que ha llegado el camarero con la botella de vino que vamos a degustar. El dilecto sumiller deposita con ceremonia una breve porción del preciado elixir...y entonces comienza toda una liturgia sumamente incómoda.
El elegido para la prueba se siente observado por todos, porque todos se callan y le miran y, por tanto, se ve obligado a demostrar su maestria en el noble arte de la cata. Y ahí le tienen: da lo mismo que el vino sea un gran reserva que un tinto de la casa, o que el señalado tenga la misma sensiblidad en el paladar que una tragaperras.
Es irrelevante que sea incapaz de distinguir entre un tinto de verano o un cava rosado. Seguramente a él le apetecería comer con cerveza. Pero el vino es cultura, es élite, y hay que demostrar que se está a la page, que se es hombre de mundo. Y comienza una representación más propia de uno de esos mimos callejeros que se ganan unas perras haciendo gestos.
El aguerrido catador levantará la copa como si estuviera oficiendo el sacrificio de la Santa Misa, observará el vino al trasluz –coñe, pero si es tinto, es tinto– meterá la nariz obstruida por el tabaco, probará un poco de vino, chasqueará la lengua y finalmente, muy serio, le hará un gsto de aprobación al camarero. Lo que se dice, un mal trago.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...