Desde que el hombre es hombre –y de eso hace ya algún tiempo– se ha preguntado precisamente eso: ¿qué es un hombre? Y más con cretamente: ¿Qué es un hombre frente a una mujer? Pero un 50% de la humanidad se lo ha preguntado de forma más insistente: las mujeres.
Y éstas han llegado a las siguientes conclusiones: En general, un hombre es un ser incapacitado para realizar tareas sencillas como cocer la leche o freír un huevo y que sin embargo está convencido de ser capaz de arreglar una avería eléctrica, o el desagüe del fregade ro, contradicción sumamente peligrosa para la convivencia diaria y la vida media de los aparatos electrodomésticos.
Un hombre, para muchas mujeres, es una ingenua persona humana que cree a pies juntillas que las cubiteras se llenan solas, los cenice ros se vacían automáticamente y que el trayecto que sigue un plato después de comer, desde la mesa hasta su lugar en el escurreplatos pasa, como mucho, por dejarlo en el fregadero.
Un hombre, para un buen número de mujeres, es ese ser compelido por no se sabe qué impulso ancestral, a agitar las sábanas después de una flatulencia, a confundir cualquier mueble de la casa con un per chero para calzoncillos sucios, a creer que las luces de la casa no gas tan electricidad y a suponer que los pelos que quedan en la bañera tras una ducha se diluyen solos en el éter.
Por último, un hombre es, para buena parte de las mujeres, un ignoto individuo que cree que la tarea de ser padres acaba con el coito, la de ser marido, con el desayuno y la de ser hombres en una discusión de tráfico.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...