La leyenda de los tortellini de Bolonia, dice que su forma se inspira en el ombligo de la diosa Venus
Se tiene por cierto que el gran Carlomagno –quien era analfabeto – fue el primer rey cristiano que sentó a las mujeres en su mesa. Sin embargo, en España, durante el reinado de Alfonso X el sabio todavía persistía la costumbre de que las damas comieran separadas de los varones. De donde se deduce que la sabiduría no está necesariamente casada con el sentido común.
La relación de las mujeres con la cocina, pues, ha sido históricamente muy difeente de la que han mantenido con el comedor. No la de todas. Decía Mme. de Pompadour, inveterada impulsora del champagne, que es el único vino que, aun bebido en exceso, hace más bellas a las mujeres. Pero, señoras, no se lo tomen al pie de la letra y se me dediquen ahora a pillar castañas como un piano con el espumoso.
Donde sí han ocupado un lugar relevante las mujeres ha sido en el imaginario culinario masculino. La leyenda de los tortellini de Bolonia, dice que su forma se inspira en el ombligo de la diosa Venus que, en una de sus últimas apariciones en la Tierra, pasó por la Romaña acompañada de Baco y Marte, durmió en una hostería y a la mañana siguiente fue sorprendida desnuda por el cocinero: éste se dirigió a la cocina, tomó la pasta y, recordando lo que acababa de ver, elaboró las piezas de tortellini. Vamos, que...te encuentras a una diosa desnuda en la cama....y te dedicas a hacer pasta.
El origen del rissoto, también según la leyenda, está en su condición de regalo de un enamorado aficionado a la cocina a su amada, allá por 1574. Haz un regalo así hoy en día y te quedas sin arroz...y sin amada.
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