Cocina basada en gusanos, saltamontes, escorpiones y arañas / LV
Esto cada vez se pone peor. Hasta ahora, si uno quería demostrar que estaba al día en temas de vanguardia gastronómica, si quería dejar impronta de gourmet curtido en las más exóticas cocinas, a lo más que tenía que llegar era a demostrar que era capaz de apreciar el arco iris de matices gustativos contenidos en un lomo de pescado crudo -y de paso exhibir una inconsciencia casi suicida frente al agazapado anisakis-.
Bueno, nada grave. Pero la cosa se está pareciendo cada vez más a un episodio de la isla de los famosos. Porque ahora, si uno quiere ir de gurú de la gastronomía internacional más a la moda, deberá parecerse a Indiana Jones o a Cocodrilo Dundee: tendrá que comer bichos.
Sí, si, bichos. Bichos en el sentido más literal de la palabra. En el sentido entomológico de la palabra, vamos. O sea que, a partir de ese momento, deberá estar dispuesto a comerse aquello que generalmente pisa: grillos, escorpiones, arañas, moscas, gorgojos, saltamontes... eso, si, muertos previamente, no se preocupe.
Imagínese un crujiente de grillos, unos gusanitos tostados (pero gusanitos, gusanitos, eh?), un buen escarabajo pelotero flambeado... en fin, que si quiere darse el pego de estar a la última en los fogones más ín, tendrá que empezar a pensar de otra manera: la próxima vez que se encuentre con una cucaracha en la cocina, no la pise. Cocínela y cómasela, que también así es crujiente. Y el ruido que hacen al pisarlas es muy parecido al que hacen al morderlas...
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