Menú / LV
Bueno, miren ustedes, ya está bien. Que uno cuando decide ir a un restaurante casi siempre es porque quiere pasar un rato agradable, relajado, dándole gusto a los sentidos y no al intelecto, hombre. Que para lectura ya están las bibliotecas. Y es que hay sitios donde decidir lo que uno va a comer se ha convertido en un proceso más complejo que un examen de quinto de física cuántica. Porque con esto de la cocina de autor, y la larga sombra de Ferrán Adriá, la deconstrucción ha alcanzado también a los nombres de los platos.
Antiguamente, los nombres de los platos eran eso, nombres: lenguado Menier, Chateaubriand... y uno sabía lo que se iba a comer sin más explicaciones. Ahora no. Ahora son descripciones: lomitos de trucha ahumada sobre fondo de crema de coliflor con cebollitas confitadas y reducción al Pedro Ximénez. Coño, ya que pongan directamente la receta.
¿Y la carta de vinos?. Pero hombre, si lo que uno quiere es elegir uno, no conocer su vida íntima. Ha cundido la manía de que una buena bodega es una bodega grande (grave error: una buena bodega es una bodega seleccionada) y entre el gran número de referencias que suele tener la carta, unido a las prolijas explicaciones que se nos da de cada vino, nos suelen poner delante un tocho que se le quitan a uno las ganas de comer.
Uno llega a sentir alivio al entrar a esos establecimientos tradicionales que aún utilizan la vieja pizarra y la tiza, o aquellos en los que se cantan de viva voz las ofertas. Queda menos moderno y menos fino, pero no le complican la vida a uno.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...