El culto al cuerpo, hoy día, se ha convertido en una obsesión
El hombre ha sido siempre capaz de hacer auténticas barbaridades en pro de mejorar su aspecto exterior: ya saben, esas cremas de fantástico poder reductor de solomillos y ternascos, esos laxantes que si uno se lo piensa dos veces, no llega, esos alimentos dietéticos de fantásticas propiedades que le dejan a una hecha una sílfide...
Y la desesperación que revela la inusitada credulidad con que nos lanzamos hacia cualquier supuesta solución no es un comportamiento propio de nuestro días. Las cortesanas griegas buscaban realzar su aspecto aplicándose unos polvos blancos en cara que contenían gran cantidad de plomo, con lo que un buen número de ellas accedieron al Olimpo de los disoses anticipadamente. Eso sí, bien blancas, como buenos cadáveres.
El en siglo XVIII se llegó a usar en Europa un producto que era ingerido y que, efectivamente, provocaba una extrema palidez. El problema es que de su composición formaba parte el arsénico, que era, precisamente lo que lo hacía efectivo: absorbido por la corriente sanguínea acababa con una buena porción de oxígeno y hemoglobina, lo que proporcionaba el deseado aspecto cerúleo. Naturalmente el individuo que usaba con profusión tal brebaje acababa palideciendo definitivamente y yéndose al otro barrio.
Así que nadie debe alarmarse por la pasión a veces suicida que manifiestan hoy miles de hombres y mujeres, capaces de someterse a tormentos alimentarios y de toda índole (y el de la cera no es el menor de ellos) por mor de un ideal de belleza. Llevamos ocho mil años haciendo el canelo.
Limpiamos las piezas de secreto de la mayor parte de la grasa que los cubre y cortamos cada pieza en dos, de tal manera que tendremos ocho filetes. Las salpimentamos y reservamos. En una bandeja apta para introducirla en el horno colocamos las patatas ...
Escenario, la terraza del restaurante de un resort de golf, de esos que jalonan –para bien y para mal– algunas zonas de la región. Protagonistas, cuatro fornidos británicos de mediana edad, seguramente catapultados desde los brumosos aeropuertos londinenses, ...
Cocemos unas espinacas en el microondas al máximo de potencia 5 minutos . Las removemos y seguimos otros cuatro minutos. En un bol mezclamos bien un nuez de mantequilla líquida, 1 cucharada de harina, un chorrito de vino blanco y otro de nata líquida. ...