¿Me da fuego, por favor? Esta petición, tan fácilmente atendible hoy habría supuesto todo un problema para nuestros antepasados más primitivos, allá por el Pleistoceno, milenio arriba, milenio abajo. En realidad, la historia del hombre es la historia de su búsqueda del fuego. Un minúsculo adminículo ha concentrado, en su aparente trivialidad una parte de esa historia: la vulgar y cotidiana cerilla.
La cerilla nació, como tantos otros inventos, de pura casualidad. En 1669 un alquimista de Hamburgo, Henning Brandt, convencido de que había conseguido convertir en oro una aleación de metales básicos, obtuvo en realidad, fósforo. Desencantado, abandonó su experimento que sí atrajo la atención de un físico británico, Robert Boyle. Un listo, vaya. En 1680 éste elaboró un trozo de papel muy áspero impregnado de fósforo y una astilla de madera con una punta de azufre. Rascando, se producía una llamarada (además de una peste infame) Pero en aquella época el fósforo escaseaba y encender una cerilla salía por un ojo de la cara, así que el asunto se olvidó.
Hasta que en 1826, el boticario John Walker, que trabajaba en su laboratorio en la creación de un nuevo explosivo, al remover una mezcla con un palito observó que en su punta se había formado una gota seca. Para eliminarla la frotó contra el suelo y....¡Eureka! salió una llamarada, el palo ardió y así nació la primeera cerilla de fricción. Pero tampoco el tal Walker se dio cuenta de la trascendencia de su descubrimiento y se olvidó de ello. Pero no Samuel Jones, que asistió a una de esas demostraciones y captó el futuro del invento.
Jones se hinchó a vender cerillas con la muy apropiada marca de Lucifer. Y a pesar de que aquellas antiguas cerillas ardían como una traca y hedían de tal forma que en sus cajas se advertía : «eviten inhalar el gas», los registros comerciales demuestran que con su aparición se incrementó notablemente el consumo de tabaco.
Así que ya lo saben, cada vez que enciendan una cerilla, prestos a meterle fuego a una paella, por ejemplo, piensen en ella y luego se la comen....La Paella
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