Una costilla relevante. En boca prevalece el sabor de la carne, potenciada sutilmente por el adobo y el humo, pues ambos realces se presentan en ligeros toques. El aceite no afecta a los ingredientes y aporta brillo y lubricidad al cerdo. Lo habitual es comer la costilla a temperatura ambiente, pero lo más recomendable es calentar el tarro en el horno a unos 60 grados hasta que penetre el calor al aceite y a la costilla sin que se hagan lo más mínimo.
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